Un hecho inaceptable que involucra a ciertos legisladores y supuestos expertos en salud está acaeciendo por estos días. Hace poco la Cámara de Diputados aprobó un proyecto de ley que al menos en primera instancia prohíbe el empleo del timerosal, un compuesto del mercurio que se incluye en las vacunas como conservante. Se utiliza como argumento el que varios países del llamado primer mundo ya lo han proscrito o abandonado, y que además existirían estudios que comprueban su incidencia en los casos de autismo.
La alarma fue encendida a partir del escándalo armado por una madre de sector acomodado, quien asegura que su hijo había tenido un desarrollo normal hasta los cuatro años, edad en que comenzó a mostrar conductas de carácter autista. Ya con la enfermedad declarada, viajó con el niño a Estados Unidos, donde le advirtieron que la aparición repentina de una anomalía que por lo general se manifiesta desde poco después del nacimiento podría ser la consecuencia de la administración de vacunas aisladas con mercurio. De regreso en Chile, aprovechando sus contactos -incluso familiares- en los medios más masivos de comunicación y en las esferas más altas de la sociedad, montó una campaña irreflexiva pero eficaz, convenciendo a un puñado de personas influyentes y a varios parlamentarios, los cuales se sintieron obnubilados y a la vez interpelados por esta ciudadana común y corriente que a consecuencia de sus ingresos pecuniarios contaba con una profesión y la capacidad de salir al extranjero a recibir y recabar información, obtenida por supuesto de fuentes válidas, ya que por su posición además tenía que haber seguido importantes estudios. Sin contar que se trataba de una abnegada mujer que luchaba por su vástago, por ende un ejemplo del concepto de familia. No repararon los congresistas en la interminable serie de investigaciones que coinciden en señalar que el autismo es una afección hereditaria que en casos puntuales puede permanecer inerte en el organismo pero siempre despierta en la primera infancia. Cómo hacerle caso a una tropa de médicos anacrónicos, ante una señora que ejercía sus derechos y más encima por su alcurnia, su preparación y su estilo de vida debía ser necesariamente un aporte para unos provincianos ignorantes e incautos.
Quizá por ello la diputada que recogió todo esto alarde y lo transformó en un proyecto de ley que está muy cerca de ser aprobado de modo definitivo, Cristina Girardi, tenía que pertenecer a la llamada izquierda progresista, ese sector que pretende solucionar los problemas de las personas con una pizca de relajamiento moral. Sus representantes se caracterizan por buscar que se derriben comportamientos relacionados con la ignorancia y el desconocimiento históricos, como la intolerancia, el maltrato animal o los prejuicios contra grupos como los homosexuales -lo que incluye su insistencia en el denominado matrimonio igualitario-. A cambio, tratan de imponer otro tipo de prohibiciones, atribuidas a la brutalidad cavernaria propia de formaciones culturales marcadas por el ensimismamiento, y que entre otras cosas impiden que fluyan las conductas nombradas primero. Así han caído el tabaquismo -ya no se puede fumar en recinto cerrado alguno, aunque sean estadios- los locales nocturnos -se ha restringido su horario de funcionamiento-, la manipulación de fuegos artificiales, del hilo de competencia o de la calificada como comida chatarra. Ahora le llegó el turno al mercurio, resabio de una época en la que el país estaba sumido en el subdesarrollo, y donde lo más importante era abarcar a la mayor población posible de manera más inmediata, en lugar de dedicar tiempo y fondos a la indagación científica, siquiera deteniéndose a leer las revistas especializadas.
Lo que ha ocurrido es muy simple de explicar. Una joven madre de ingresos económicos relativamente altos, anónima en términos de aparición pública, pero atractiva, con título universitario y la capacidad de realizar viajes al exterior, ha empleado sus influencias para dar a conocer una histeria que se ha transformado en colectiva. Y para que los medios no los tachen de ignorantes -y de que sean desprestigiados por una supuesta investigación periodística-, ciertos diputados han querido demostrar que están ahí para servir a ese pueblo que los eligió, aprobando una normativa presentada como una mejora en la salud pública, la misma que se viene depauperando de modo sistemático en las últimas cuatro décadas. De nuevo queda demostrado que en Chile los ricos, sólo por tener esa condición, son los únicos autorizados no sólo para opinar, sino también para enseñar, aunque sus conocimientos se reduzcan a supercherías.
martes, 28 de enero de 2014
domingo, 5 de enero de 2014
La De Las Botas Negras
Varios nos enteramos del nombre de la actual ministro del Servicio Nacional de la Mujer, Loreto Seguel, por la pataleta que la secretaria de Estado protagonizó a través de las redes sociales, donde acusó al recién estrenado single de Los Tres, "¡Hey! ¡Hey! ¡Hey!", así como a su vídeo promotor, de fomentar la violencia de género e incitar el denominado femicidio, porque describe las reacciones de un varón despechado que decide matar de un escopetazo a su pareja tras descubrir que ésta le es infiel. Una canción que en términos artísticos se halla bastante lejos de los temas más recordados de la banda de Concepción, pero que de seguro será más conocido de lo que se merece producto de esta polémica artificial, de idéntico modo a lo que está ocurriendo ahora con la autora del escándalo.
Muchas mujeres se preguntan por qué su género, aún en el siglo XXI, cuenta con tan pocos representantes en las más diversas áreas del arte, la ciencia y el conocimiento en general. Reclaman, además, porque en las más diversas expresiones los varones explayan sus inquietudes llegando en ciertas ocasiones a fustigar con el mayor desparpajo conductas atribuidas a las féminas que para ellos resultan incomprensibles. Convengamos, de todas maneras, que ejemplos de esa clase de conductas abundan a lo largo de la historia. Sin embargo, ¿constituye un real aporte, el hecho de que se ataque a una obra artística usando argumentos que no guardan relación alguna con lo estético, que para más inri se acercan a la moralina, elemento usado durante todos los tiempos para justificar la censura? Se rebatirá que la canción en cuestión es de mediana calidad y que se puede interpretar más como un arrebato con características insultantes antes que como un discurso elaborado. No obstante, la prohibición de una creación, aunque sea de tono menor, en términos sociales siempre resultará la peor opción imaginable. Fuera de que quien sugiere la proscripción quedará como un primitivo ignorante que desconoce la dinámica del proceso creativo. Algo que por cierto no favorece en nada al universo femenino, al contrario de lo que la ministro Seguel pretende obtener con su berrinche. Más aún: la imagen que gana es la de una troglodita cavernaria, mismo sello que se le intenta colocar a esos brutos que si no golpean a las mujeres sólo las consideran de modo consciente o inconsciente como objeto sexual.
Una situación que en el mundo de los grupos de música rock y en las expresiones de arte pop en general adquiere significados bastante delicados. Cabe recordar que muchos creadores de esta clase de expresiones -Jim Morrison, Roger Waters, John Lennon- tuvieron madres obsesivas, sobre protectoras y amargadas respecto de quienes sintieron que los ahogaban y frenaban en su despliegue creativo y acto seguido en su libertad personal. Varios de estos artistas usaron sus talentos para dar a conocer tales situaciones, legando un estigma que hasta le fecha esta clase de demostraciones artísticas poseen. Para colmo, algunos conocieron parejas amorosas cuya conducta les ayudó a afianzar todavía más sus convicciones ("The Wall" es un ejemplo muy simbólico de todos estos casos). Eran progenitoras que se sentían insatisfechas con su vida marital -con su vida a secas más bien- y que parecían estar culpando constantemente a sus hijos por contar con las mismas gónadas de quienes las habían despreciado. La señora Seguel, que tiene una contextura física muy similar a la caricatura tradicional de ese modelo de mujeres, va camino a ser considerada como un ejemplo emblemático de dicho paradigma. Para evitar la existencia de varones golpeadores busca tomar una medida preventiva eliminando todas sus particularidades masculinas, en el supuesto de que la testosterona es sinónimo de violencia (aunque sea ella misma la autora de la agresión mayor). El problema es que la castración intelectual se relaciona con una impotencia cuya metáfora más recurrente es el "colocar vagina". Con lo cual, un prejuicio ancestral atribuido a los varones alienta una convención de similares consecuencias destinada a las féminas, lo que a la larga acaba por mantener los roles clásicos asignados a cada género. Y todos entendemos cual de las dos partes sale más perjudicada con aquello.
Es deber informarle a la ministro que Los Tres han publicado otros temas que han tratado la violencia de género en el tono de la canción de la discordia, como "Hágalo Usted Mismo". Incidentes de esta clase han sido protagonizados por otras bandas de rock como Los Prisioneros, y no fijemos la mirada en "Corazones Rojos", sino que basta con observar el vídeo de "Estrechez de Corazón" donde Jorge González le propina un puñetazo a una modelo en el marco de una ruptura amorosa. Pero no solamente atañen a este tipo de música. Cabe citar en tal sentido lo acaecido con "El De Las Botas Negras", esa ranchera muy común, a través de sus diferentes interpretaciones, en todas las emisoras que propagan esos ritmos. O a Ricardo Arjona, por lo demás un conocido mano de piedra quien es grito y plata entre las trabajadoras de las reparticiones públicas, también en el Servicio Nacional. O "La Edad de la Mujer", tema del folclor recopilado por Víctor Jara. O cánticos en ese tono de la mismísima Violeta Parra, de Los Quincheros, además de las más variadas piezas doctas... En fin: señora Seguel, no mate la música.
Muchas mujeres se preguntan por qué su género, aún en el siglo XXI, cuenta con tan pocos representantes en las más diversas áreas del arte, la ciencia y el conocimiento en general. Reclaman, además, porque en las más diversas expresiones los varones explayan sus inquietudes llegando en ciertas ocasiones a fustigar con el mayor desparpajo conductas atribuidas a las féminas que para ellos resultan incomprensibles. Convengamos, de todas maneras, que ejemplos de esa clase de conductas abundan a lo largo de la historia. Sin embargo, ¿constituye un real aporte, el hecho de que se ataque a una obra artística usando argumentos que no guardan relación alguna con lo estético, que para más inri se acercan a la moralina, elemento usado durante todos los tiempos para justificar la censura? Se rebatirá que la canción en cuestión es de mediana calidad y que se puede interpretar más como un arrebato con características insultantes antes que como un discurso elaborado. No obstante, la prohibición de una creación, aunque sea de tono menor, en términos sociales siempre resultará la peor opción imaginable. Fuera de que quien sugiere la proscripción quedará como un primitivo ignorante que desconoce la dinámica del proceso creativo. Algo que por cierto no favorece en nada al universo femenino, al contrario de lo que la ministro Seguel pretende obtener con su berrinche. Más aún: la imagen que gana es la de una troglodita cavernaria, mismo sello que se le intenta colocar a esos brutos que si no golpean a las mujeres sólo las consideran de modo consciente o inconsciente como objeto sexual.
Una situación que en el mundo de los grupos de música rock y en las expresiones de arte pop en general adquiere significados bastante delicados. Cabe recordar que muchos creadores de esta clase de expresiones -Jim Morrison, Roger Waters, John Lennon- tuvieron madres obsesivas, sobre protectoras y amargadas respecto de quienes sintieron que los ahogaban y frenaban en su despliegue creativo y acto seguido en su libertad personal. Varios de estos artistas usaron sus talentos para dar a conocer tales situaciones, legando un estigma que hasta le fecha esta clase de demostraciones artísticas poseen. Para colmo, algunos conocieron parejas amorosas cuya conducta les ayudó a afianzar todavía más sus convicciones ("The Wall" es un ejemplo muy simbólico de todos estos casos). Eran progenitoras que se sentían insatisfechas con su vida marital -con su vida a secas más bien- y que parecían estar culpando constantemente a sus hijos por contar con las mismas gónadas de quienes las habían despreciado. La señora Seguel, que tiene una contextura física muy similar a la caricatura tradicional de ese modelo de mujeres, va camino a ser considerada como un ejemplo emblemático de dicho paradigma. Para evitar la existencia de varones golpeadores busca tomar una medida preventiva eliminando todas sus particularidades masculinas, en el supuesto de que la testosterona es sinónimo de violencia (aunque sea ella misma la autora de la agresión mayor). El problema es que la castración intelectual se relaciona con una impotencia cuya metáfora más recurrente es el "colocar vagina". Con lo cual, un prejuicio ancestral atribuido a los varones alienta una convención de similares consecuencias destinada a las féminas, lo que a la larga acaba por mantener los roles clásicos asignados a cada género. Y todos entendemos cual de las dos partes sale más perjudicada con aquello.
Es deber informarle a la ministro que Los Tres han publicado otros temas que han tratado la violencia de género en el tono de la canción de la discordia, como "Hágalo Usted Mismo". Incidentes de esta clase han sido protagonizados por otras bandas de rock como Los Prisioneros, y no fijemos la mirada en "Corazones Rojos", sino que basta con observar el vídeo de "Estrechez de Corazón" donde Jorge González le propina un puñetazo a una modelo en el marco de una ruptura amorosa. Pero no solamente atañen a este tipo de música. Cabe citar en tal sentido lo acaecido con "El De Las Botas Negras", esa ranchera muy común, a través de sus diferentes interpretaciones, en todas las emisoras que propagan esos ritmos. O a Ricardo Arjona, por lo demás un conocido mano de piedra quien es grito y plata entre las trabajadoras de las reparticiones públicas, también en el Servicio Nacional. O "La Edad de la Mujer", tema del folclor recopilado por Víctor Jara. O cánticos en ese tono de la mismísima Violeta Parra, de Los Quincheros, además de las más variadas piezas doctas... En fin: señora Seguel, no mate la música.
domingo, 22 de diciembre de 2013
Protección del Medio Ambiente o Derecho a la Vida
Una de las excusas más recurridas por ciertos grupos de cristianos para no manifestarse con fuerza contra el daño al medio ambiente, a diferencia de lo que ocurre con otras contingencias como el aborto o el matrimonio homosexual, es que la destrucción del equilibrio ecológico sería una de las señales que anuncian la segunda venida de Cristo, que estaría precedida por una corrupción a todo nivel y de la más completa amplitud, la cual entre otras consecuencias, acarrearía un colapso del planeta en términos de hábitat natural. En consecuencia, los hermanos antes mencionados concluyen que los creyentes en general debemos preocuparnos por lo que suceda después del juicio final, cuando, de acuerdo a lo obrado en nuestras vidas, recibiremos un paraíso mucho mejor que esta tierra inestable que se halla condenada a perecer.
Si a esos cristianos se les propusiera organizar una protesta en rechazo a una legislación civil que flexibilizara la práctica del aborto, tengan por seguro que estarían prestos no sólo a marchar por las calles, sino a apoyar e incluso ejercer medidas de presión para que tal legislación finalmente se revoque. Y argüirán para justificar su actitud el ya consabido pretexto de la defensa de la vida. Pues bien: en una situación como el daño medioambiental, ¿no se está atentando también contra la existencia humana? La contaminación atmosférica ha generado millones de muertes por enfermedades respiratorias, a las cuales debemos sumar los decesos por cáncer a la piel relacionados de manera directa o indirecta con el deterioro de la capa de ozono, fenómeno ligado a su vez a la emisión de gases. Este mismo fenómeno es el mayor responsable del efecto invernadero y el llamado calentamiento global, que no será la única, pero sí una de las principales causas de las alteraciones climáticas cuya muestra más palpable es la ocurrencia cada año más frecuente de desastres como severos huracanes y violentas sequías, que luego han provocado cifras considerables de fallecidos y damnificados. La tala indiscriminada y el mal empleo del suelo han significado la pérdida de cientos de hectáreas cultivables, aportando al desencadenamiento de hambrunas y a la existencia de poblaciones enteras que no cuentan con acceso a un recurso tan esencial como el agua. Vuelvo a interrogar, ¿hay algún punto de los descritos aquí, en que no esté involucrada la ya citada defensa de la vida?
Y citando el asunto del matrimonio homosexual: sólo cabe recordar a la gran mayoría de creyentes que lo vetan usando, entre otros argumentos, aquello de que la unión de dos personas del mismo género, al no poder reunir las condiciones necesarias, por causas obvias, para la reproducción, iría en contra de la preservación de la especie y por ende se opondría al mandato dejado por Dios para el hombre y la mujer del Edén y que se encuentra registrado en el Génesis (crezcan y fructifiquen). Es un subterfugio discutible, si se toma en cuenta que forma parte de la ley del Antiguo Testamento derogada por Jesús y que además su segunda mitad (llenen la Tierra y sométanla) se ha interpretado como un cheque en blanco para efectuar las modificaciones más dañinas a la naturaleza sin rendir cuentas porque el propio Señor eximiría a sus hijos de ello. Sin embargo, y retomando lo dicho al inicio de este párrafo, precisamente el equilibrio ecológico tiene como principio y finalidad la conservación de la humanidad, a través de la manutención del resto de las criaturas, ya que todas se necesitan de modo mutuo para subsistir. Quien no entiende eso simplemente es incapaz de comprender la Creación divina, y eso implica que se debe sospechar de su conversión y de la aceptación de Jesús en su corazón.
Por último, los subterfugios mencionados al comienzo de este artículo llevan también implícito un error teológico respecto de la Parusía. Pues la fecha de tal acontecimiento sólo Dios la sabe, y en consecuencia al hombre no le corresponde fijar un día y una hora exactos, pero tampoco cuenta con la facultad de realizar esfuerzos para adelantar dicho fenómeno, ya que se está tomando una atribución que sólo le compete al Señor. Menos, si tales acciones -incluso las que se efectúan por omisión- acaban produciendo un efecto negativo sobre otros seres humanos. Lo que corresponde es guiar a los incrédulos y a los impíos hacia el evangelio, y una manera de comenzar es justamente tomar conciencia del daño medioambiental y hacerle saber, aunque se trate de hermanos de fe, al del lado que el perjuicio hacia el planeta es un acto de ignominia.
Si a esos cristianos se les propusiera organizar una protesta en rechazo a una legislación civil que flexibilizara la práctica del aborto, tengan por seguro que estarían prestos no sólo a marchar por las calles, sino a apoyar e incluso ejercer medidas de presión para que tal legislación finalmente se revoque. Y argüirán para justificar su actitud el ya consabido pretexto de la defensa de la vida. Pues bien: en una situación como el daño medioambiental, ¿no se está atentando también contra la existencia humana? La contaminación atmosférica ha generado millones de muertes por enfermedades respiratorias, a las cuales debemos sumar los decesos por cáncer a la piel relacionados de manera directa o indirecta con el deterioro de la capa de ozono, fenómeno ligado a su vez a la emisión de gases. Este mismo fenómeno es el mayor responsable del efecto invernadero y el llamado calentamiento global, que no será la única, pero sí una de las principales causas de las alteraciones climáticas cuya muestra más palpable es la ocurrencia cada año más frecuente de desastres como severos huracanes y violentas sequías, que luego han provocado cifras considerables de fallecidos y damnificados. La tala indiscriminada y el mal empleo del suelo han significado la pérdida de cientos de hectáreas cultivables, aportando al desencadenamiento de hambrunas y a la existencia de poblaciones enteras que no cuentan con acceso a un recurso tan esencial como el agua. Vuelvo a interrogar, ¿hay algún punto de los descritos aquí, en que no esté involucrada la ya citada defensa de la vida?
Y citando el asunto del matrimonio homosexual: sólo cabe recordar a la gran mayoría de creyentes que lo vetan usando, entre otros argumentos, aquello de que la unión de dos personas del mismo género, al no poder reunir las condiciones necesarias, por causas obvias, para la reproducción, iría en contra de la preservación de la especie y por ende se opondría al mandato dejado por Dios para el hombre y la mujer del Edén y que se encuentra registrado en el Génesis (crezcan y fructifiquen). Es un subterfugio discutible, si se toma en cuenta que forma parte de la ley del Antiguo Testamento derogada por Jesús y que además su segunda mitad (llenen la Tierra y sométanla) se ha interpretado como un cheque en blanco para efectuar las modificaciones más dañinas a la naturaleza sin rendir cuentas porque el propio Señor eximiría a sus hijos de ello. Sin embargo, y retomando lo dicho al inicio de este párrafo, precisamente el equilibrio ecológico tiene como principio y finalidad la conservación de la humanidad, a través de la manutención del resto de las criaturas, ya que todas se necesitan de modo mutuo para subsistir. Quien no entiende eso simplemente es incapaz de comprender la Creación divina, y eso implica que se debe sospechar de su conversión y de la aceptación de Jesús en su corazón.
Por último, los subterfugios mencionados al comienzo de este artículo llevan también implícito un error teológico respecto de la Parusía. Pues la fecha de tal acontecimiento sólo Dios la sabe, y en consecuencia al hombre no le corresponde fijar un día y una hora exactos, pero tampoco cuenta con la facultad de realizar esfuerzos para adelantar dicho fenómeno, ya que se está tomando una atribución que sólo le compete al Señor. Menos, si tales acciones -incluso las que se efectúan por omisión- acaban produciendo un efecto negativo sobre otros seres humanos. Lo que corresponde es guiar a los incrédulos y a los impíos hacia el evangelio, y una manera de comenzar es justamente tomar conciencia del daño medioambiental y hacerle saber, aunque se trate de hermanos de fe, al del lado que el perjuicio hacia el planeta es un acto de ignominia.
domingo, 1 de diciembre de 2013
Distintas Formas de Eutanasia
Un debate de altas proporciones ha ocasionado la iniciativa de algunos parlamentarios belgas, apoyados por los informes médicos específicos, de permitir la eutanasia para menores de edad, incluso niños, si se encuentran en una situación de enfermedad terminal. Desde luego que los representantes de los principales grupos religiosos se han colgado al cuello de quienes han promovido tal idea, y cosa que no se había visto antes y tal vez no volverá a suceder al menos por un buen tiempo, clérigos católicos, reformados, judíos y hasta musulmanes se han unido en un coro contra una propuesta que lo más probable es que de ser finalmente aprobada, señale un antes y un después en las legislaciones mundiales que definen el llamado "buen morir".
En lo personal, no resisto a la tentación de comparar la actual coyuntura de Bélgica con lo que ha acaecido hace algunas semanas atrás en otros países del mundo, incluyendo casos igualmente interesantes en la propia Europa. Por ejemplo, en Estados Unidos, un matrimonio residente en una comunidad amish se resistió a que una de sus hijas, de seis años, recibiera un tratamiento contra la leucemia que la aqueja, alegando que este tipo de procedimientos no siempre resulta exitoso y que por ende su consecuencia más palpable es el sufrimiento que en esta ocasión se causaría sobre una pequeña niña. Días antes, se supo que los miembros del denominado cinturón bíblico holandés -personas que a unos cuantos kilómetros del barrio rojo de Amsterdam viven como si estuvieran en las primeras décadas de la Reforma- mediante una declaración oficial expresaban su rechazo al empleo de las vacunas, sosteniendo que a los lactantes se les inoculaban sustancias que les podrían provocar efectos colaterales, que aunque no les dejasen secuelas, de todas maneras se hallaban dentro del umbral ético por implicar dolor sobre un inocente. En ambas situaciones, a través de las redes virtuales, cristianos de distintos sitios elogiaron la valentía de unos hermanos que se estaban oponiendo a la "dictadura secular" (primero científica y luego judicial, cuando las cortes respectivas fallaron a favor de los médicos y los servicios de salud). Los mismos creyentes que ahora lanzan sus diatribas en contra de la iniciativa gestada en Bruselas, y por idénticos medios de comunicación.
Veamos. En el caso de Bélgica se citan los alegatos característicos cuando se busca atacar la eutanasia más clásica. A saber, que se está atentando contra la naturaleza y por añadidura contra el plan divino; que se está incentivando el egoísmo y la cobardía de ciudadanos que no han tenido experiencias vitales importantes porque sólo han conocido los lujos de una sociedad de bienestar; que se estimula a no enfrentar la adversidad; que se está promoviendo una cultura de la muerte donde quien aplica el suicidio asistido no toma en cuenta que es una suerte de verdugo. Sin embargo, los padres amish mostraban también la intención de evitar el dolor de su hija, pero de paso el suyo propio, que entre otras consecuencias, incluía el intermitente abandono de su comunidad en la instancia de verse obligados a visitar a la niña a un centro asistencial, donde además permanecería un largo tiempo hospitalizada (quizá sin la opción de regresar a su entorno más íntimo, si el tratamiento finalmente fracasa). La misma sensación que experimenta un habitante del centro de Europa cuando tiene que salir periódicamente de su entorno familiar para acompañar a un vástago que padece una enfermedad terminal -y que por lo mismo ya no puede volver a casa-. Aparte de que el cáncer infantil es, con o sin terapia, muy complicado en términos de padecimiento físico, a lo que se une el desgaste mental de un muchacho que debe estar postrado en un recinto clínico. En el caso de los progenitores religiosos, querían impedir tal bochorno retornando a su pequeña al hogar. Mientras que el individuo más secular desea un idéntico futuro consintiendo que su hijo acepte la muerte indolora. Independiente de la diversidad de circunstancias que se reúnen en cada coyuntura, ¿no es evidente que a la larga quedan en igualdad de condiciones?
Muy bien. Se rebatirá que la injerencia de la medicina y la mentalidad secular está llevando la situación demasiado lejos. Pero cabe recordar, en el marco del mandato cristiano del respeto a la vida, que cualquier forma, ya sea natural o artificial, que consiga preservarla, mientras no atente contra la existencia de otros -para abordar los casos polémicos de tratamientos con células madre, entre otras cosas-, no sólo es una instancia legítima sino también obligatoria. Es verdad que el mantenimiento artificial e irracional de la vida es condenado, como aquellas personas con muerte cerebral a quienes se les insiste en conectar a respiradores mecánicos. No obstante, si un padre impide que a su hijo se le aplique un procedimiento que le entrega la opción de sobrevivir, puede que incluso falle contra el mandato bíblico de proteger al niño que tiene a cargo. Y de la misma forma que quien permite que se acelere su deceso, mediante estratagemas no naturales, Dios acabará pidiéndole cuentas.
En lo personal, no resisto a la tentación de comparar la actual coyuntura de Bélgica con lo que ha acaecido hace algunas semanas atrás en otros países del mundo, incluyendo casos igualmente interesantes en la propia Europa. Por ejemplo, en Estados Unidos, un matrimonio residente en una comunidad amish se resistió a que una de sus hijas, de seis años, recibiera un tratamiento contra la leucemia que la aqueja, alegando que este tipo de procedimientos no siempre resulta exitoso y que por ende su consecuencia más palpable es el sufrimiento que en esta ocasión se causaría sobre una pequeña niña. Días antes, se supo que los miembros del denominado cinturón bíblico holandés -personas que a unos cuantos kilómetros del barrio rojo de Amsterdam viven como si estuvieran en las primeras décadas de la Reforma- mediante una declaración oficial expresaban su rechazo al empleo de las vacunas, sosteniendo que a los lactantes se les inoculaban sustancias que les podrían provocar efectos colaterales, que aunque no les dejasen secuelas, de todas maneras se hallaban dentro del umbral ético por implicar dolor sobre un inocente. En ambas situaciones, a través de las redes virtuales, cristianos de distintos sitios elogiaron la valentía de unos hermanos que se estaban oponiendo a la "dictadura secular" (primero científica y luego judicial, cuando las cortes respectivas fallaron a favor de los médicos y los servicios de salud). Los mismos creyentes que ahora lanzan sus diatribas en contra de la iniciativa gestada en Bruselas, y por idénticos medios de comunicación.
Veamos. En el caso de Bélgica se citan los alegatos característicos cuando se busca atacar la eutanasia más clásica. A saber, que se está atentando contra la naturaleza y por añadidura contra el plan divino; que se está incentivando el egoísmo y la cobardía de ciudadanos que no han tenido experiencias vitales importantes porque sólo han conocido los lujos de una sociedad de bienestar; que se estimula a no enfrentar la adversidad; que se está promoviendo una cultura de la muerte donde quien aplica el suicidio asistido no toma en cuenta que es una suerte de verdugo. Sin embargo, los padres amish mostraban también la intención de evitar el dolor de su hija, pero de paso el suyo propio, que entre otras consecuencias, incluía el intermitente abandono de su comunidad en la instancia de verse obligados a visitar a la niña a un centro asistencial, donde además permanecería un largo tiempo hospitalizada (quizá sin la opción de regresar a su entorno más íntimo, si el tratamiento finalmente fracasa). La misma sensación que experimenta un habitante del centro de Europa cuando tiene que salir periódicamente de su entorno familiar para acompañar a un vástago que padece una enfermedad terminal -y que por lo mismo ya no puede volver a casa-. Aparte de que el cáncer infantil es, con o sin terapia, muy complicado en términos de padecimiento físico, a lo que se une el desgaste mental de un muchacho que debe estar postrado en un recinto clínico. En el caso de los progenitores religiosos, querían impedir tal bochorno retornando a su pequeña al hogar. Mientras que el individuo más secular desea un idéntico futuro consintiendo que su hijo acepte la muerte indolora. Independiente de la diversidad de circunstancias que se reúnen en cada coyuntura, ¿no es evidente que a la larga quedan en igualdad de condiciones?
Muy bien. Se rebatirá que la injerencia de la medicina y la mentalidad secular está llevando la situación demasiado lejos. Pero cabe recordar, en el marco del mandato cristiano del respeto a la vida, que cualquier forma, ya sea natural o artificial, que consiga preservarla, mientras no atente contra la existencia de otros -para abordar los casos polémicos de tratamientos con células madre, entre otras cosas-, no sólo es una instancia legítima sino también obligatoria. Es verdad que el mantenimiento artificial e irracional de la vida es condenado, como aquellas personas con muerte cerebral a quienes se les insiste en conectar a respiradores mecánicos. No obstante, si un padre impide que a su hijo se le aplique un procedimiento que le entrega la opción de sobrevivir, puede que incluso falle contra el mandato bíblico de proteger al niño que tiene a cargo. Y de la misma forma que quien permite que se acelere su deceso, mediante estratagemas no naturales, Dios acabará pidiéndole cuentas.
domingo, 24 de noviembre de 2013
Biblia No Ficción
Polémica generó durante la semana, en Estados Unidos, la venta de ejemplares de la Biblia calificados como "libro de ficción" en el marco de la famosa dualidad impuesta para los textos en ese país, usada ante todo con criterios exclusivamente comerciales. Bastó que un pastor fotografiara la palabra impresa en el etiquetado, para que se desatara una protesta de alcances nacionales en la que no sólo participaron los cristianos evangélicos. Finalmente, Cost Co., la cadena de ventas mayoristas desde donde se ofrecían las copias de las Escrituras identificadas con la odiosa definición, envió un comunicado ofreciendo disculpas y delegando toda la responsabilidad del incidente en un grupo de operadores y empaquetadores de poca monta, de quienes no dio nombres. Como esta clase de empresas suele proceder, por lo demás.
El calificativo "fiction" en contraposición al "non fiction" puede contener dos significados. En el sentido amplio del término, alude a la literatura propiamente dicha; es decir, a todos aquellos textos que pueden ser cuentos, novelas, poemas ("ficción lírica") u obras dramáticas. Mientras que en su antónimo se engloban los escritos que pretenden entregar una opinión de un determinado tema, como los ensayos, artículos, crónicas o tratados. No obstante, en su acepción más estricta, la "fiction" incluye solamente las obras de corte fantástico, algo alentado por el promedio de formación de la gente común -a quienes van dirigidos precisamente estos etiquetados-, los cuales suelen asociar el vocablo con "ciencia-ficción". Esta última definición es la que causó más escozor entre los cristianos, no sólo por tratarse de aquella con la que el consumidor medio está más familiarizado, sino porque además remite a los relatos que no son ni buscan ser realistas, de los cuales la Biblia, a decir verdad, muestra escasos ejemplos (las parábolas, que son el tipo de narración más conocido, están protagonizadas por personas fáciles de encontrar en la Palestina del siglo I). Si se lo emplea para describir a las Escrituras, entonces queda la sensación de que uno está alimentando a los escépticos y a los malintencionados que no dudan en colocar varios de sus pasajes a la misma altura que las historias de hadas o magos.
Por otra parte, si uno recorre la Biblia, incluso de un modo rápido, notará que cuenta con demasiadas páginas en las que prima la "non fiction". Hay textos explicativos, como las cartas paulistas y apostólicas; otros como las profecías, que si bien fueron redactadas originalmente en versos, no pueden ser catalogadas de lírica. También nos encontramos con tratados judiciales, como el grueso del Pentateuco. Y por supuesto están las biografías de Jesús y sus discípulos, y la historia de Israel contenida en el Antiguo Testamento, acerca de la cual, hay consenso en el mundo intelectual que es verídica al menos de la época de Saúl en adelante. Argumentos suficientes para aseverar que emplear la categoría de "fiction" para referirse a las Escrituras, es una equivocación en relación con el significado de ambos y cada uno de los conceptos. Sí existen determinados libros bíblicos y pasajes específicos cuyo contenido es estrictamente literario, pero que debieran ser etiquetados de manera y específica en lugar de utilizar un determinado vocablo para la totalidad del conjunto.
Debido a lo cual, y a modo de conclusión, podría asegurarse que no corresponde entregarle a la Biblia ninguno de los calificativos descritos en los párrafos anteriores. Pues contiene elementos que caben en cualquiera de las dos condiciones. Además, que los textos provenientes de la Antigüedad clásica son anteriores a una norma orientadora que a obedece a criterios estrictamente comerciales, alejados por ende de los parámetros literarios, históricos, exegéticos o filológicos; diseñados otrosí para un consumidor de un determinado país, que producto de su éxito y su expansión en el mundo moderno ha impuesto muchas de sus características internas en el exterior. Una obra que ha permanecido por encima de las demás durante varios siglos o milenios, admite que se le extraigan conclusiones que pueden, ahora recién sí, en el marco de la ficción como de la no ficción.
El calificativo "fiction" en contraposición al "non fiction" puede contener dos significados. En el sentido amplio del término, alude a la literatura propiamente dicha; es decir, a todos aquellos textos que pueden ser cuentos, novelas, poemas ("ficción lírica") u obras dramáticas. Mientras que en su antónimo se engloban los escritos que pretenden entregar una opinión de un determinado tema, como los ensayos, artículos, crónicas o tratados. No obstante, en su acepción más estricta, la "fiction" incluye solamente las obras de corte fantástico, algo alentado por el promedio de formación de la gente común -a quienes van dirigidos precisamente estos etiquetados-, los cuales suelen asociar el vocablo con "ciencia-ficción". Esta última definición es la que causó más escozor entre los cristianos, no sólo por tratarse de aquella con la que el consumidor medio está más familiarizado, sino porque además remite a los relatos que no son ni buscan ser realistas, de los cuales la Biblia, a decir verdad, muestra escasos ejemplos (las parábolas, que son el tipo de narración más conocido, están protagonizadas por personas fáciles de encontrar en la Palestina del siglo I). Si se lo emplea para describir a las Escrituras, entonces queda la sensación de que uno está alimentando a los escépticos y a los malintencionados que no dudan en colocar varios de sus pasajes a la misma altura que las historias de hadas o magos.
Por otra parte, si uno recorre la Biblia, incluso de un modo rápido, notará que cuenta con demasiadas páginas en las que prima la "non fiction". Hay textos explicativos, como las cartas paulistas y apostólicas; otros como las profecías, que si bien fueron redactadas originalmente en versos, no pueden ser catalogadas de lírica. También nos encontramos con tratados judiciales, como el grueso del Pentateuco. Y por supuesto están las biografías de Jesús y sus discípulos, y la historia de Israel contenida en el Antiguo Testamento, acerca de la cual, hay consenso en el mundo intelectual que es verídica al menos de la época de Saúl en adelante. Argumentos suficientes para aseverar que emplear la categoría de "fiction" para referirse a las Escrituras, es una equivocación en relación con el significado de ambos y cada uno de los conceptos. Sí existen determinados libros bíblicos y pasajes específicos cuyo contenido es estrictamente literario, pero que debieran ser etiquetados de manera y específica en lugar de utilizar un determinado vocablo para la totalidad del conjunto.
Debido a lo cual, y a modo de conclusión, podría asegurarse que no corresponde entregarle a la Biblia ninguno de los calificativos descritos en los párrafos anteriores. Pues contiene elementos que caben en cualquiera de las dos condiciones. Además, que los textos provenientes de la Antigüedad clásica son anteriores a una norma orientadora que a obedece a criterios estrictamente comerciales, alejados por ende de los parámetros literarios, históricos, exegéticos o filológicos; diseñados otrosí para un consumidor de un determinado país, que producto de su éxito y su expansión en el mundo moderno ha impuesto muchas de sus características internas en el exterior. Una obra que ha permanecido por encima de las demás durante varios siglos o milenios, admite que se le extraigan conclusiones que pueden, ahora recién sí, en el marco de la ficción como de la no ficción.
lunes, 18 de noviembre de 2013
Cuando La Opulencia Es Pecado
Se reitera hasta el cansancio que la acumulación de riqueza, en sí, no constituye un pecado. Es cierto. Pese a que el propio Jesús insistió en que es más fácil que un camello atraviese una entrada estrecha que una persona acaudalada ingrese al reino de los cielos. Y es que en los tiempos bíblicos -y durante la casi totalidad de las décadas siguientes- se llevaron a cabo algunas conversiones entre ciudadanos más pudientes, quienes enseguida contribuyeron con sus bienes materiales y su influencia social de una manera decisiva a la propagación y consolidación de la doctrina del camino.
Desde luego que la acumulación de caudales por sí sola no es maligna. Los padres de la Reforma, y también los del cristianismo, incluso la presentaron como una muestra de las bendiciones de Dios para quien trabaja de manera responsable y constante, tanto en los asuntos terrenales como en los espirituales. El problema se genera cuando dicha actitud es excesiva, de idéntico modo en que ocurre con las comidas y las bebidas. Primero, porque el nuevo millonario corre el riesgo de enviciarse con el cada vez mayor flujo monetario, llegando al extremo de vivir sólo para el afán de ganar cada día más dinero, no existiendo en su pensamiento ni en su accionar espacio para cualquier otra actividad. Pero en especial, debido a que se ve y se siente obligado a gastar buena parte de lo obtenido como una forma de demostrar su opulencia, y de paso, y en cierta manera, justificar lo acaparado durante años. Una muestra necesaria que cuando se torna exagerada constituye una ofensa para los más desposeídos, quienes a su vez experimentan la sensación de estar frente a un bravucón engreído que se mofa de ellos ya que se supone que son más flojos o pertenecen a una raza inferior.
El boato del otro, entonces, arrastra a conductas como la envidia y el resentimiento. De acuerdo: dichas actitudes no se hallan en la mentalidad del rico, sino en la de aquellos que observan recelosos sus posesiones. Sin embargo es menester que el acaudalado se pregunte hasta qué punto ha aportado para generar todo ese malestar. En tal sentido, la provocación, aunque tenga un origen involuntario -pero iniciado a partir de una actitud consciente-, en términos teológicos se transforma en incitación a la tentación, lo cual sí constituye pecado. Fuera de que el acaparamiento, y muchas veces con justificaciones bastante sólidas, suele ser percibido como el resultado de conductas incorrectas o reñidas con los valores más elementales. Un caldo que acaba desencadenando comportamientos violentos, expresados tanto en el delito común -los asaltos que afectan a los más adinerados, y donde debido a diversas causas los atracadores suelen proceder con un alto nivel de agresividad- como en las protestas sociales. Ambas, conductas cuyos ejecutantes presentan como un acto legítimo de retribución y una manifestación imprescindible contra un sujeto que de seguro ha conseguido lo que ostenta mediante prácticas oscuras.
Es por ello que Cristo insta al joven rico a repartir sus excedentes entre los menos afortunados -no que lo entregue todo y se quede prácticamente en la miseria, como muchos, con distintas intenciones, han solido interpretar- porque de ese modo se rodeará de personas que lo admirarán y no le lanzarán amenazadoras miradas de sospecha. Es también la lógica que impera tras el cobro de impuestos en forma proporcional a la acumulación de caudales de cada ciudadano: que algunos no se enriquezcan más de la cuenta y sus ostentaciones terminen ocasionando más mal que bien, incluso para ellos. Y por supuesto, está presente en aquellos millonarios que han optado por crear fundaciones a las que han destinado por completo sus ganancias, quienes no se han amilanado ni han huido llorando ante las recomendaciones del Señor, y se han preocupado más por sumar tesoros en el cielo.
Desde luego que la acumulación de caudales por sí sola no es maligna. Los padres de la Reforma, y también los del cristianismo, incluso la presentaron como una muestra de las bendiciones de Dios para quien trabaja de manera responsable y constante, tanto en los asuntos terrenales como en los espirituales. El problema se genera cuando dicha actitud es excesiva, de idéntico modo en que ocurre con las comidas y las bebidas. Primero, porque el nuevo millonario corre el riesgo de enviciarse con el cada vez mayor flujo monetario, llegando al extremo de vivir sólo para el afán de ganar cada día más dinero, no existiendo en su pensamiento ni en su accionar espacio para cualquier otra actividad. Pero en especial, debido a que se ve y se siente obligado a gastar buena parte de lo obtenido como una forma de demostrar su opulencia, y de paso, y en cierta manera, justificar lo acaparado durante años. Una muestra necesaria que cuando se torna exagerada constituye una ofensa para los más desposeídos, quienes a su vez experimentan la sensación de estar frente a un bravucón engreído que se mofa de ellos ya que se supone que son más flojos o pertenecen a una raza inferior.
El boato del otro, entonces, arrastra a conductas como la envidia y el resentimiento. De acuerdo: dichas actitudes no se hallan en la mentalidad del rico, sino en la de aquellos que observan recelosos sus posesiones. Sin embargo es menester que el acaudalado se pregunte hasta qué punto ha aportado para generar todo ese malestar. En tal sentido, la provocación, aunque tenga un origen involuntario -pero iniciado a partir de una actitud consciente-, en términos teológicos se transforma en incitación a la tentación, lo cual sí constituye pecado. Fuera de que el acaparamiento, y muchas veces con justificaciones bastante sólidas, suele ser percibido como el resultado de conductas incorrectas o reñidas con los valores más elementales. Un caldo que acaba desencadenando comportamientos violentos, expresados tanto en el delito común -los asaltos que afectan a los más adinerados, y donde debido a diversas causas los atracadores suelen proceder con un alto nivel de agresividad- como en las protestas sociales. Ambas, conductas cuyos ejecutantes presentan como un acto legítimo de retribución y una manifestación imprescindible contra un sujeto que de seguro ha conseguido lo que ostenta mediante prácticas oscuras.
Es por ello que Cristo insta al joven rico a repartir sus excedentes entre los menos afortunados -no que lo entregue todo y se quede prácticamente en la miseria, como muchos, con distintas intenciones, han solido interpretar- porque de ese modo se rodeará de personas que lo admirarán y no le lanzarán amenazadoras miradas de sospecha. Es también la lógica que impera tras el cobro de impuestos en forma proporcional a la acumulación de caudales de cada ciudadano: que algunos no se enriquezcan más de la cuenta y sus ostentaciones terminen ocasionando más mal que bien, incluso para ellos. Y por supuesto, está presente en aquellos millonarios que han optado por crear fundaciones a las que han destinado por completo sus ganancias, quienes no se han amilanado ni han huido llorando ante las recomendaciones del Señor, y se han preocupado más por sumar tesoros en el cielo.
domingo, 10 de noviembre de 2013
Maternidad y Moralidad Irresponsables
Un reciente informe de organismos internacionales expresa la preocupación de una gran cantidad de expertos respecto a las altas cifras de embarazo adolescente que registra casi la totalidad de los países latinoamericanos, que además en algunos lugares ha aumentado en los últimos años. Los factores que de acuerdo con los especialistas han contribuido al mantenimiento de esta tendencia son los mismos de siempre: pobreza, marginalidad, falta de información y la fuerte presencia de la iglesia católica que en la región constituye un marcado referente que adquiere características culturales y folclóricas. Causas que, aparte, se entremezclan formando un importante círculo vicioso.
Desde siempre, los curas han venido afrontando los impulsos erógenos de los adolescentes con una moralina invariable que funde -y confunde- los términos paternidad responsable y sexualidad responsable. Para ellos la única opción posible es la abstinencia y ante el atisbo de la más mínima discusión se aprestan a excluir cualquier otra. Lo cual, no es necesario agregar, descarta cualquier posibilidad siquiera de preguntar por los preservativos o los métodos anticonceptivos. Dado que cuentan con una omnipresente presencia social, que abarca especialmente a las autoridades y los círculos de poder, suelen traspasar su línea de pensamiento a la esfera y a las políticas públicas de cada país, donde las autoridades tampoco muestran un gran interés por modificar el estado de cosas. Sumemos a esto que las alternativas espirituales -los evangélicos principalmente, que detentan un crecimiento exponencial e imparable- no han sido capaces de hilvanar una propuesta diferente: porque existen puntos coincidentes, estas congregaciones están arraigadas en los círculos más desposeídos o sus integrantes -incluyendo a pastores y líderes-, más allá de la conversión y el cambio de credo, aún se hallan inmersos en parte en ese folclor latinoamericano nombrado anteriormente y debido a la manera en que se los ha inculcado creen que se trata de principios universales y bíblicos.
Con este modo de actuar, los curas -y muchos pastores- imaginan que los adolescentes controlarán sus cuerpos en base a los principios de la virginidad o la castidad. Las estadísticas demuestran que no es así. Sin embargo, entonces aparece la mano que se presume acogedora. Lo cual se expresa en discursos igualmente moralizadores que destacan la supuesta belleza de la maternidad, aún cuando se desarrolle en un contexto adverso como ocurre en el caso de una menor de dieciocho años que aún no concluye su escolaridad ni ha terminado de solidificar su personalidad, fuera de no contar con profesión u oficio y vivir en un contexto económico de insuficiencia. La idea de este predicamento es bastante delicada, pues expone al bebé como la posibilidad de redimir culpas, pero también como el resultado del pecado de sus padres -en particular de su madre-. En cierto sentido, además, el panorama poco alentador de marginalidad que le espera al niño se justifica en cuanto constituye un castigo para sus progenitores, quienes han traspasado barreras muy delicadas, como son las que se relacionan con la sexualidad. En definitiva se trata de un inocente condenado a demostrar con su futura miseria que hay límites que no se deben trasponer.
Bajo tales circunstancias cabe formularse la siguiente pregunta. ¿A qué nos referimos cuando hablamos de paternidad o de sexualidad responsables? Siempre se inculca la idea de que tener un hijo es a todo evento algo maravilloso, cuando somos testigos de que no siempre acontece así. Parece ser que la actitud de responsabilidad debe ir orientada al empleo de métodos anticonceptivos y afines por el lado de los adolescentes -que varios desechan debido a la influencia mediática y formativa del catolicismo, que los considera un pecado mayor que sólo sostener coitos- y al compromiso del resto de la sociedad en base a entregar información en torno a ellos. Fuera de cambiar el objeto del desincentivo, de los preservativos, por el embarazo, acerca del que se debe insistir en que en determinadas coyunturas es un hecho negativo, horrendo y nefasto. Un chico que se acuesta con infinidad de parejas, pero que se vale de un condón cada vez, es bastante más valioso que otro que deja preñada a la única compañera con la cual disfrutó. Y los penitentes que vayan a llorar a la capilla más cercana.
Desde siempre, los curas han venido afrontando los impulsos erógenos de los adolescentes con una moralina invariable que funde -y confunde- los términos paternidad responsable y sexualidad responsable. Para ellos la única opción posible es la abstinencia y ante el atisbo de la más mínima discusión se aprestan a excluir cualquier otra. Lo cual, no es necesario agregar, descarta cualquier posibilidad siquiera de preguntar por los preservativos o los métodos anticonceptivos. Dado que cuentan con una omnipresente presencia social, que abarca especialmente a las autoridades y los círculos de poder, suelen traspasar su línea de pensamiento a la esfera y a las políticas públicas de cada país, donde las autoridades tampoco muestran un gran interés por modificar el estado de cosas. Sumemos a esto que las alternativas espirituales -los evangélicos principalmente, que detentan un crecimiento exponencial e imparable- no han sido capaces de hilvanar una propuesta diferente: porque existen puntos coincidentes, estas congregaciones están arraigadas en los círculos más desposeídos o sus integrantes -incluyendo a pastores y líderes-, más allá de la conversión y el cambio de credo, aún se hallan inmersos en parte en ese folclor latinoamericano nombrado anteriormente y debido a la manera en que se los ha inculcado creen que se trata de principios universales y bíblicos.
Con este modo de actuar, los curas -y muchos pastores- imaginan que los adolescentes controlarán sus cuerpos en base a los principios de la virginidad o la castidad. Las estadísticas demuestran que no es así. Sin embargo, entonces aparece la mano que se presume acogedora. Lo cual se expresa en discursos igualmente moralizadores que destacan la supuesta belleza de la maternidad, aún cuando se desarrolle en un contexto adverso como ocurre en el caso de una menor de dieciocho años que aún no concluye su escolaridad ni ha terminado de solidificar su personalidad, fuera de no contar con profesión u oficio y vivir en un contexto económico de insuficiencia. La idea de este predicamento es bastante delicada, pues expone al bebé como la posibilidad de redimir culpas, pero también como el resultado del pecado de sus padres -en particular de su madre-. En cierto sentido, además, el panorama poco alentador de marginalidad que le espera al niño se justifica en cuanto constituye un castigo para sus progenitores, quienes han traspasado barreras muy delicadas, como son las que se relacionan con la sexualidad. En definitiva se trata de un inocente condenado a demostrar con su futura miseria que hay límites que no se deben trasponer.
Bajo tales circunstancias cabe formularse la siguiente pregunta. ¿A qué nos referimos cuando hablamos de paternidad o de sexualidad responsables? Siempre se inculca la idea de que tener un hijo es a todo evento algo maravilloso, cuando somos testigos de que no siempre acontece así. Parece ser que la actitud de responsabilidad debe ir orientada al empleo de métodos anticonceptivos y afines por el lado de los adolescentes -que varios desechan debido a la influencia mediática y formativa del catolicismo, que los considera un pecado mayor que sólo sostener coitos- y al compromiso del resto de la sociedad en base a entregar información en torno a ellos. Fuera de cambiar el objeto del desincentivo, de los preservativos, por el embarazo, acerca del que se debe insistir en que en determinadas coyunturas es un hecho negativo, horrendo y nefasto. Un chico que se acuesta con infinidad de parejas, pero que se vale de un condón cada vez, es bastante más valioso que otro que deja preñada a la única compañera con la cual disfrutó. Y los penitentes que vayan a llorar a la capilla más cercana.
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