domingo, 25 de junio de 2017

Extranjeros Fuisteis

Si hay algo que Dios no dejaba de insistir al pueblo israelí, y que está muy bien documentado en el Antiguo Testamento, es darle un trato correcto al extranjero que estaba de visita o residía en el país, recalcando eso en el permanente recuerdo de la condición de inmigrantes que los propios hebreos tenían en tierras egipcias, donde además fueron víctimas de vejaciones tales que debieron huir de ahí y asentarse en un territorio ya ocupado y en el cual se vieron forzados a actuar como fuerzas invasoras. El Señor usaba como argumento el disgusto que les habían causado esas experiencias para aconsejarlos de que no las repitieran con los forasteros que tocaban sus puertas, pues finalmente, éstos podían acumular un descontento suficiente para reaccionar con rebeldía frente a dichas prácticas y en una de ésas, ahogar a los hijos de Israel en algún mar tal como sucedió con los soldados del faraón.

Es curioso que muchos de los más importantes héroes bíblicos fueron extranjeros. Partiendo por Abraham, el fundador de la nación israelí, que abandonó todas las comodidades de su natal Ur -que no era poco en esos años, cuando la organización cívica por antonomasia era la polis y el campo simplemente era tierra de nadie- por el llamamiento de una fuerza sobrehumana respecto de la cual no contaba con las pruebas suficientes para considerarla el Dios superior, mucho menos el único. Luego es Moisés, quien por mandato del mismo Señor, conduce al pueblo liberado del yugo egipcio a un territorio ya poblado, que debieron disputar a punta de flechas y lanzas. Sin embargo es interesante constatar que ya antes de estas narraciones, es posible hallar antecedentes en el Génesis de episodios donde Adonay se compadece de individuos que por diversos acaecimientos han terminado siendo desarraigados. Así protege a Adán y Eva luego de que la desobediencia los torna incompatibles para habitar el paraíso terrenal. Igual cosa ocurre con el hijo de ambos, Caín, que tras asesinar a su hermano Abel y verse obligado a escapar por ello, es marcado por el Creador con el propósito de que ningún mortal le haga daño, aunque conozca su pasado.

Por su parte, en el Nuevo Testamento, nos encontramos conque las constantes persecuciones de los sacerdotes judíos contra los discípulos tras la crucifixión de Jesús, los impulsaron a emigrar hacia el norte, en concreto a la zona de Antioquía, desde donde empezaron a cumplir el mandato de ir por todo el mundo anunciando el evangelio. Si bien es cierto que ambos territorios pertenecían entonces al imperio romano, se trataba de lugares habitados por pueblos absolutamente diferentes con culturas completamente distintas y que estoy seguro miraban al forastero que hablaba otra lengua y traía otras costumbres con los mismos prejuicios de siempre. Los seguidores de Cristo, en tal sentido, quedaban en una posición muy semejante a la de Abraham cuando dejó Ur. Es decir, un doble desarraigo, territorial y cultural, que es necesario para comprender el mensaje de salvación, y que está presente en todos los instantes en que Dios se reveló a los humanos y la gran mayoría de los terrícolas que respondieron a los diversos llamados históricos.

Si continuamos después del Apocalipsis, tenemos por ejemplo, el arraigo del cristianismo en Europa (y en general, en el resto del mundo) o la llegada del mensaje de Jesús a América, tanto la anglosajona como latina, donde extranjeros, muchas veces provenientes de tierras desconocidas para los nativos, trajeron la palabra del Señor, en muchas ocasiones de modo inadecuado, como aconteció con los pueblos aborígenes. Fueron extraños, no siempre amigables, y por eso no deben hostigar al forastero que habita entre ellos, sea creyente o, para su concepción, un extraño.

domingo, 28 de mayo de 2017

La Parábola de los Deudores

Varias curiosidades se pueden descubrir tras leer la parábola de los dos deudores (Mateo 18:23-35). Una, es constatar que ya en la Palestina del siglo I existían cosas como la bicicleta financiera y el préstamo a interés. Pero quizá la más importante, es que da la opción de homologar la actitud de los protagonistas de la historia con la conducta que los bancos acreedores europeos están teniendo con los países de ese continente que les deben dinero, situación que ha hundido a tales naciones en la miseria.

Recordemos el texto bíblico. Un patrón demandó a su siervo a causa de la enorme suma de dinero que le adeudaba, lo que en la práctica significaba que todas las propiedades de éste último saldrían a remate, las cuales no sólo eran materiales, pues en esa época se contaba como tales a la esposa y los hijos, quienes quedaban a disposición para ser vendidos como esclavos. El afectado imploró ante su cobrador entre otras cosas prometiendo que iba a pagar conforme tuviera recursos, y su súplica resultó tan convincente que éste accedió a retirar el libelo judicial y esperar una fecha indefinida. Sin embargo, cuando al rato después el perdonado se topó con su consiervo, dice el relato que lo agarró del cuello exigiendo el pago de una deuda que no era ni la centésima parte de la que le habían condonado. El agredido procedió igual como su inquisidor lo hizo con su primer amo. Pero en lugar de recibir la más mínima consideración, su acreedor exigió la confiscación de sus bienes y lo envió a la cárcel.

¿Qué han hecho los bancos europeos, sobre todo los alemanes, con aquellos países que les habían solicitado préstamos? En primer lugar, cabe señalar que estas instituciones sometieron a crédito unos recursos que el Banco Central del viejo continente les traspasó para que a su vez los distribuyeran entre las distintas naciones con absoluta libertad de procedimiento. Dichos dineros fueron entregados con un interés bajo (menos del dos por ciento), tasa que los intermediarios duplicaron y hasta triplicaron cuando les entregaron las platas a quienes se suponía eran los verdaderos beneficiarios. Es cierto que en este caso los consiervos, al menos en teoría, adeudan una suma mayor; pero cabe acotar que ésta fue aumentada a causa del mencionado interés. Si los Estados que hoy se encuentran acogotados por las exigencias de los organismos financieros tuvieran que devolver lo otorgado con un porcentaje extra racional, sería inferior al monto que sus prestamistas a su vez deben reembolsarle al fondo de origen. Y en cualquier caso estos territorios han demostrado que son más débiles que la banca, por lo que igual quedan en la situación del segundo siervo.

A lo mejor el empleado inmisericorde de la parábola buscaba a través de la deuda que su consiervo había contraído con él, cancelar parte del dinero que a su vez tenía que pagarle a su patrón. Conducta similar a la de los bancos alemanes que se están valiendo de los países europeos para saldar sus compromisos con el Banco Central continental. Por lo que no cabe más que reiterar que la Biblia ya había advertido de cosas como la bicicleta financiera. Que por lo demás siempre se da en una situación de subordinación. En la época antigua, de un amo con un inquilino y luego de éste con su propio dependiente. Y hoy, entre instituciones acreedoras una inmediatamente inferior a la que le antecede, como los eones en el gnosticismo. Ahora, y lo que hace la diferencia -en este caso para mal- de los tiempos actuales con lo contado en la parábola, es que no se ha procedido con estos organismos como el prestamista mayor lo hizo con el deudor malvado, al que finalmente demandó con las consecuencias descritas al comienzo del segundo párrafo. Quizá porque sólo se trate de un relato, los hombres no serán capaces de obrar con justicia. Pero no olvidar que sí puede hacerlo Dios.

domingo, 14 de mayo de 2017

Mal Parida Y Mal Parada

Al margen de todas las críticas que se le pueden formular a los integrantes del Frente Amplio, sólo cabe elogiar la decisión tomada hace unos días con Javiera Parada, miembro de uno de los partidos de ese conglomerado, a quien se le impidió postularse al parlamento en las elecciones generales de noviembre próximo, debido a haber chocado con un poste manejando bajo los efectos del alcohol. Esto a pesar de las pataletas de la propia implicada en el incidente, y de los insólitos argumentos de quienes rechazan tal medida, que acusan a esta recién formada coalición izquierdista de obrar con la típica moralina ideológica de tintes mesiánicos que ha caracterizado a los movimientos históricos de ese sector político, no sólo en Chile, y que no sería más que una adaptación del integrismo religioso hecha al gusto de grupúsculos que al fin y al cabo igualmente buscan ser reconocidos como los únicos poseedores de la verdad.

Javiera Parada conducía ebria, lo cual es un delito tanto en Chile como en varias partes del mundo, incluyendo Estados Unidos donde ella fue agregada cultural del actual gobierno: de hecho en el país norteamericano estos deslices pueden llevar a su ejecutor a prisión. ¿Y por qué tantas aprehensiones respecto de estas actitudes? Porque pueden dañar a personas inocentes, y no creo necesario recordar los cientos de accidentes de tránsito que han dejado muertos y lisiados causados por un borracho al volante (que en la mayoría de las ocasiones sale ileso). Ahora: el reclamo de los defensores de esta persona -y de ella misma- quienes insisten en que no hubo nadie más involucrado y que finalmente fue la única perjudicada -además de su vehículo- carece de validez. Si así se procediera, entonces no podríamos juzgar a alguien que intentó matar a otro sujeto porque falló la puntería, o a una célula de terroristas que planificaban un atentado porque fueron descubiertos cuando aún lo elaboraban.

Como se señaló en el primer párrafo, resulta sorprendente -y por lo mismo inaceptable- la réplica de quienes han salido a apoyar a esta mujer atacando a su vez al Frente Amplio por su exacerbado mesianismo, característico de los revolucionarios de los años 1960, cuya expresión más visible y ridícula sería este castigo. De acuerdo: en dicho conglomerado existe mucho de eso. Pero una cosa muy distinta es aseverar que esta determinación se dio en el ámbito de una moralina anacrónica la cual estaría anclada en la conciencia de los ciudadanos de este país debido a la (nefasta) influencia de la iglesia católica, de la que ni los pensadores más libres habrían logrado zafar. Al respecto, en la última semana se ha oído a ciertos comentaristas decir que los integrantes del FA sienten ojeriza por Javiera Parada debido a la manera relajada y despreocupada con que tomaría la vida, mientras ellos gastan su tiempo en foros donde intentan definir los principios de la coalición, evaluando de paso la ortodoxia de los interesados y componentes, obligándolos además a leer determinados libros que luego deben ser discutidos y analizados en mesas redondas. Otros van más allá y acusan un nivel de intolerancia sólo comparable al de la homofobia. Craso error. Porque los homosexuales y los amorales pueden llevar adelante sus comportamientos sin dañar a sus semejantes, cuestión que no ocurre con los conductores ebrios.

El absurdo debate que ha provocado esta (acertada) decisión del Frente Amplio sólo ha sido posible en un país que mira con excesiva liviandad una conducta grave como lo es la de conducir bajo los efectos del alcohol. No olvidemos que hace sólo unos años fue promulgada una ley que castigaba con cierta severidad estos delitos, la cual en el último tiempo ha sido objetada y desconocida por los tribunales superiores, llegando a tacharla de inconstitucional. Mientras una persona que raya un auto arriesga penas de cárcel. Ahora, si de defender una conducta libertina pero a la vez supuestamente inofensiva se trata, cabe señalar que el manejo en estado de ebriedad ha sido el divertimento preferido de los oligarcas y los hijos de los más pudientes desde que se masificó el uso del automóvil, implemento ligado fuertemente al individualismo económico y al estatus. Por lo que en un país marcado por las injusticias sociales y la segregación negativa como es Chile, es casi un acto propio de la idiosincrasia nacional mirar con simpatía todo lo que conlleva la utilización de este medio de transporte, incluyendo los aspectos más positivos pero también los más repudiables. El asunto es que no solamente el conglomerado que ahora nos atañe, sino los políticos en general, están empeñados en acabar con esas desigualdades. Y en esto, y pese a todas las críticas que se le pueden formular -legítimas por lo demás- los miembros del FA hasta el momento han sido los únicos que han mostrado coherencia, en uno de los lugares más dolorosos -y por ello más importantes y trascendentales- como es el interior de su propia estructura. Cuestión que a la larga se agradece, en determinadas circunstancias, incluso con votos.

domingo, 16 de abril de 2017

El Islam y América Latina

¿Por qué el islam nunca ha penetrado en América Latina? Es una pregunta que puede tener varias respuestas. Algunas muy lógicas, que no faltarán en ningún análisis. Pero otras, menos fáciles de hallar y que escapan a las perogrulladas de siempre; y que precisamente por eso le dan más contundencia a las conclusiones finales.

De las primeras, hay una bastante obvia que alude al origen geográfico e histórico. América Latina se encuentra a una distancia considerable de los centros de origen de la religión mahometana, de los cuales además está separada por el océano. Muy distinto a lo que ocurre entre África, Asia y Europa, continentes conectados entre sí, lo que permite el desplazamiento humano de modo recíproco a través de ellos. Esto se tradujo en que durante el siglo VI, los árabes, al alero de su líder y profeta, expandieran su credo por todo el mundo conocido tanto por las civilizaciones occidentales y orientales; y que tiempo más tarde, la colonización europea y los masivos movimientos migratorios aportaran lo suyo. En cambio, los territorios al sur de Estados Unidos vivieron durante muchos años en una situación de relativo aislamiento, que recién empezó tímidamente a revertirse en los años 1950 con el auge de las comunicaciones, lo cual ayudó a imponer y a consolidar el catolicismo, arraigado tras la dominación portuguesa y española, y en menor medida británica -en el Caribe- y francesa.

Pero fuera de estas explicaciones hay otras de carácter más bien sociológico. En Europa, Estados Unidos y hasta cierto punto Canadá, el islam ha conseguido insertarse en las comunidades debido a la inmigración. Pero también a causa de las conversiones que los clérigos musulmanes han obtenido entre la población más nativa. Y aquí hay algo que no deja de ser interesante. En el Viejo Continente, por ejemplo, los mahometanas tienen una fuerte presencia en sectores populares, en muchos casos marginales -y marginados-, donde existen bastantes personas de origen foráneo pero también -y a pesar de los movimientos racistas- varios caucásicos que han abrazado la religión. En América Latina existe igualmente ese cambio de fe. Pero los beneficiarios acá son los evangélicos, que están cumpliendo el rol de los islámicos en ciertos lugares del primer mundo: dar respuestas a los decepcionados con la decadencia de la creencia oficial.

América Latina es una zona extraña para el islam. Por geografía, historia y cultura se ve improbable que los musulmanes lleguen en algún momento del futuro a tener una presencia fuerte aquí. En esta parte del mundo hemos tenido nuestros propios movimientos de choque o más violentos, como las guerrillas armadas y la delincuencia común. Luego, la iglesia católica, aún mantiene una importante reserva, que sostendrá durante un buen periodo de tiempo. Y si se agregan los evangélicos, tenemos que la práctica totalidad de la demanda está cubierta. Aunque con esto de la globalización cualquier cosa puede suceder. Sin embargo, como siempre ha sido repetido por los discursos políticos, es menester que los propios pueblos decidan su destino. En el cual, la religión mahometana se vislumbra como algo muy extraño.

         

domingo, 2 de abril de 2017

Ya No Somos El Mundo

Tanto la ONU como las diversas ONG que operan en África han señalado que ésta es por lejos la peor crisis alimentaria que está viviendo ese continente en un siglo. Y a pesar de ello, no se han levantado campañas como la que inspiró el éxito radial "We Are The Word" allá por 1984 a propósito de la grave hambruna que entonces afectó a Etiopía. Ni tampoco los medios masivos de prensa han informado de la situación con el énfasis de épocas anteriores, limitándose a hablar del arribo de las precarias embarcaciones repletas de famélicos africanos que cruzan el Mediterráneo, relatos que sólo han servido para aumentar la popularidad de los dirigentes de partidos xenófobos y racistas.

Quizás el contexto socio político existente en 1984 explique el excesivo interés, al menos en comparación con la coyuntura actual, que se suscitó en occidente por la catástrofe que entonces vivía la Abisinia, bastante delicada por cierto, pero que finalmente abarcó una sola nación en una zona, el cuerno de África, frecuentemente víctima de estos eventos, en lugar de varias regiones del continente como está pasando hoy, las que además no tienen conexiones geográficas entre sí. En esos años los etíopes eran gobernados por un régimen militar comunista, que había asumido en 1974 tras derrocar a una de las monarquías más ancestrales de la humanidad, muy admirada en el Antiguo Testamento, alabada por los primeros cristianos que allí encontraron refugio constante contra las persecuciones romanas, y elevada a niveles míticos por el movimiento ras tafari. Cierto es que casi todos los Estados soberanos africanos tenían dictaduras de orientación marxista, ya que los soviéticos habían ejercido una fuerte presión internacional en favor de que estos territorios, colonias de sus rivales políticos, se independizaran. Sin embargo el antiguo reino kusita fue el único que se transformó en un satélite oficial de la URSS, recibiendo un trato idéntico y quedando bajo la misma órbita de influencias que los países de Europa del Este.

La campaña de recaudación de fondos alentada entonces, cuya cara visible fue difusión de la canción "We Are The World" (y cuyas ganancias obtenidas, si no terminaron en manos de productores o empleados, que a diferencia de los artistas sí cobraron o debieron cobrar por su participación en el single, se diluyeron entre los funcionarios del insufrible gobierno etíope), puede comprenderse en base a muchas causas, pero la principal de ellas fue sin lugar a dudas la situación internacional derivada de la Guerra Fría. En aquel tiempo además, cabe agregar que en Estados Unidos la primera magistratura era ocupada por Ronald Reagan, que desde su asunción se planteó hacer todo lo posible para que la Unión Soviética y el comunismo colapsaran (cosa que finalmente logró). Y una manera de anotarse un punto a su favor fue precisamente la de enfocar los esfuerzos en un satélite que se hallaba fuera de la zona de influencia más directa de los rusos, y que por ello representaba, al menos teóricamente, la opción más concreta de expandir el marxismo y el imperialismo moscovita a nivel mundial. De paso se aprovechaba una excelente oportunidad para denunciar los extremos a los que podían llegar los socialismos reales, por lo cual mostrar el padecimiento de los etíopes se tornaba un modo de provocar a la vez conmiseración (por la masa popular) e indignación (hacia quienes los regían), ambas cosas que luego y por un proceso lógico debían converger en una toma de conciencia. Y vaya que esto se consiguió, siendo la prueba más tangible de aquello la movilización de un importante grupo de artistas que sintieron que podían revivir el espíritu comprometido de las décadas de 1960 y 1970, cuando se organizaron diversos conciertos benéficos contra dictaduras impuestas por los norteamericanos o desastres igualmente serios que el sufrido por los abisinios.

Hoy la URSS no existe, los diversos conflictos que están desatados en África no son atractivos (aunque sí muy sangrientos y principales responsables de la crisis alimentaria que estamos tratando aquí) y varias de las causas que han derivado en esta terrible situación han partido por la intervención de alguna potencia occidental (Somalia, Libia, Costa de Marfil, Mali). Combinación perfecta para ocultar en tema y remplazarlo por esa hipócrita y a la vez evasiva idea de que la propia actitud de los africanos, que supuestamente no han sabido administrar sus respectivas independencias, es la principal explicación para los sufrimientos hace ya un buen tiempo. Una conclusión antojadiza que sirve para alimentar a los dirigentes xenófobos que crecen en el primer mundo a la par con el aumento de refugiados que les recuerdan a los habitantes de las naciones desarrolladas la asquerosa manera en que han manejado los asuntos que atañen al llamado continente negro. Y que de paso impide, siquiera por algún momento, señalar con el dedo a quienes décadas atrás impusieron un éxito radial que realmente poco y nada tenía de desinteresado, y que en la actualidad, cuando su ayuda es requerida con mayor urgencia, prefieren pasearse por los escenarios europeos y estadounidenses alabando o vomitando contra sus mediocres líderes sólo con el afán de ganar ese lugar en la prensa que debería estar reservado a cubrir las hambrunas.

domingo, 12 de marzo de 2017

Hacerse Oír De Buena Forma

Dos polémicas han involucrado a los grupos cristianos y homosexuales en España. La primera fue la orden emanada del ayuntamiento de Madrid que exigía la paralización del recorrido por las calles de la ciudad de un autobús de la fundación -mayormente evangélica, pero que cuenta con la participación de católicos- Hazte Oír, que circulaba con la leyenda "los niños tienen pene, las niñas tienen vulva: que no te engañen" en abierta protesta contra la parafernalia de los llamados chicos transgénero, que se ha transformado en un caballito de batalla de los colectivos gay en varias partes del mundo, mediante el cual pretenden influir en la educación de cada país con la finalidad que se los tolere, bajo el subterfugio de que esa conducta es menos una opción sexual que una condición genética. El otro caso, ocurrido días después, involucró a un travesti que en el desfile del carnaval de Las Palmas se presentó en un carro alegórico como una María que clamaba a gritos que chuparan su "espíritu santo" como una forma de acceder a la salvación. El obispo local entabló un libelo judicial contra tal atrevimiento, recurso que fue secundado por algunos pastores y hermanos reformados.

Lo curioso es la actitud que las agrupaciones de creyentes tomaron frente a cada uno de estos hechos (bueno: también es interesante la reacción de los homosexuales, ya que en ambas situaciones los dos grupos que colocados como respectivos espejos del otro). En el primer caso alegaron un impedimento a ejercer su libertad de expresión de parte de una autoridad pública, que además habría actuado después de que los colectivos gay de la capital española hubieran interpuesto sendos reclamos, llegando a amenazar con presiones económicas si el autobús de la discordia continuaba paseándose con el dichoso letrero. Los cristianos se defendieron con un argumento que se ha vuelto muy recurrente en esta clase de incidentes: denunciar que los mismos que invocan la tolerancia y el respeto a la opinión y opción de quien está al lado, factor que por lo demás consideran inamovible frente a cualquier circunstancia, finalmente hacen excepciones cuando alguien expresa un punto que a ellos no les gusta. Con ello, las personas de fe lanzan el balón al área contraria y pretenden dejar al desnudo a quienes los apuntan con el dedo y aseveran que son los que siempre andan con el ceño fruncido prohibiéndolo todo. Ahora ha quedado al descubierto que incluso los "muchachos alegres" y el grueso de la población que busca vivir una vida más relajada y menos culposa en términos morales y culturales, igualmente al terminar el día muestra sus tabúes y se enoja cuando ve a sus oponentes ocasionales disfrutar con desparpajo en base a sus propias concepciones.

El asunto es que todo ese discurso reivindicativo es echado por tierra con la cuestión del carnaval. Por cierto, desde tiempos ancestrales estas celebraciones han sido un receptáculo de la permisividad y la ruptura de reglas (dentro del marco que definen las mismas reglas, pero igualmente es válido), algo de lo cual han tenido conciencia hasta las propias autoridades políticas y eclesiásticas. Hacer un escándalo de una acción desarrollada en un contexto festivo y ausente de seriedad -así acordado además por un consenso social- más que extemporáneo resulta ridículo. Fuera de que a estas alturas de la historia ya se ha perdido la cuenta de la innumerable cantidad de representaciones, incluso burlescas, en donde se pone en duda la concepción virginal de Jesús o se habla de modo malintencionado de María, también en el ámbito del transformismo. ¿Qué se sacará en provecho de llevar a los tribunales de justicia a un sujeto por haber salido con un disfraz? Tal vez ese sacerdote adquiera notoriedad en los medios de comunicación y algún superior quizá lo premie con un cargo más alto. Y respecto de los evangélicos que lo secundan: lo más probable es que queden bien consigo mismos en el sentido de que no dejaron pasar una ofensa contra la madre del Señor. Sin embargo, lo más probable es que los homosexuales insistan en que los creyentes no han cambiado un ápice y que al final son ellos los eternamente intolerantes que desean colocar frenos a la libertad de expresión. Y acto seguido también es muy posible que sus oyente acaben apoyando sus aprehensiones. Lo que redundará no sólo en una pérdida significativa de almas a rescatar, sino en el aumento de los prejuicios en contra de los hijos del camino, que en última instancia hasta puede poner en riesgo su continuidad como grupo.

Lo ocurrido en España es para que los creyentes sean acusados nuevamente de un vicio que por desgracia ha sido tan recurrente en los hombres de fe que se ha transformado en una marca de fábrica: la hipocresía. Un estereotipo que por diversas situaciones lamentablemente se ha tornado un estigma. Nosotros tenemos la facultad y las habilidades para definitivamente desterrarlo y de a través de este esfuerzo, acercarnos a eso que nos recomienda Jesús: ser luz del mundo. Por mucho que se den explicaciones actuar con doble rasero nunca será más que eso. Y al respecto, hay otro mandato que nos legó el Señor: procuremos ser un solo sentir.

domingo, 26 de febrero de 2017

Cambio de Hábito

Un hecho tan desubicado como vergonzoso para la predicación y el testimonio cristianos es el que protagonizó la cantante cubana Danay Suárez en la competencia internacional del Festival de Viña del Mar, cuando cambió la letra del tema que defendía, por la de otro, de tinte más cercano al proselitismo religioso. La explicación que dio, resumiendo en términos racionales, fue que el texto que finalmente emitió sobre el escenario incluía un mensaje de salvación más explícito, por si alguna persona desesperada por un sinnúmero de reveses personales lo escuchara y decidiera convertirse. Al menos a ella le sirvió, pues no sólo no la descalificaron -que era lo que correspondía- sino que además el canal de televisión que transmite el certamen le entregó por cuenta propia un premio especial, hecho que hasta dejó en segundo plano al verdadero ganador de la competición.

Repito los calificativos de desubicado y vergonzoso y agrego los de irrespetuoso e irresponsable. La intérprete estaba defendiendo una canción que no era una composición suya, y sin dar advertencia alguna pasa por alto el trabajo de un autor que confió en ella. Su justificación acerca de que esto lo decidió tras una conversación privada con el Señor, sólo contribuye a agravar la falta. Hacer lo que venga en gana recurriendo a la supuesta autorización de un ser superior no es un acto recomendable en el marco de la doctrina cristiana, ya que incita a la humillación de los semejantes y daña la convivencia humana, dos fenómenos que a su vez impiden la propagación y aceptación del mensaje. Más que obedecer una orden divina, parece que en realidad esta cantante cedió al típico impulso juvenil de tomarse un espacio para divulgar una idea personal que su mismo emisor tiende a considerar revolucionaria.

 Y esto último queda de manifiesto en los frutos que legó la supuesta osadía. Que a ella, en efecto, le acarreó réditos positivos. Recibió comentarios elogiosos de un prominente miembro del jurado (que estaba ahí no por sus conocimientos de música sino por situar unos temas de consumo rápido en el top manta) el que con su carisma arrastró a sus colegas; obtuvo un premio extraordinario decidido en forma no menos irregular y unilateral que el famoso cambio de letra, y consiguió unos quince minutos de fama que entre otras cosas han ocasionado un debate innecesario que sólo eclipsa el significado de la competencia de marras. Sin embargo, ¿obtuvo siquiera un momento de atención en la masa de asistentes al festival y en los televidentes, fin último de su improvisación? Al entender por la rechifla con la que le respondieron a su discurso de agradecimiento -que incluyó un breve pero soporífero sermón con cita bíblica añadida- claramente no. Y personalmente -y admitiendo que puedo equivocarme- no creo que algún desdichado del momento aparezca meses después aseverando que las palabras de Danay Suárez lo indujeron a acercarse a un templo o le obligaron a repensar su determinación de suicidarse.

Si esta muchacha -de la cual no dudo que sea una cristiana honesta- quería enviar un mensaje de salvación, podía haber concurrido a una iglesia y allí haber pedido la palabra. Si se presentaba en alguna congregación con el antecedente que una inminente intervención en Viña de seguro que el ministro encargado de la reunión la habría hecho pasar adelante, ya que se trataba de un modo de clarificar que el Señor no es solamente para el último de los menesterosos sino que personajes públicos de la política o en este caso el espectáculo también lo toman en cuenta. También estaba la opción de conceder la entrevista a un medio, eclesiástico o secular, incluso en el marco de los programas de farándula que rodean al festival -el evento no es distinto y quienes participan en él al menos deben estar conscientes de ello-. Lo que hizo en plena presentación finalmente no constituirá sino otra de las tantas comidillas que este certamen deja tras cada una de sus ediciones, las cuales, si bien unas son más recordadas que otras, ninguna sale del marco de la frivolidad.